
Nunca sabemos exactamente, que hacer con ellos.
Tienen tanta luz que nos cuesta verlos. A veces los tratamos como adultos, otras como tontos, y ellos no paran de ponernos a prueba porque necesitan saber como es el mundo. A veces los inventamos en lugar de descubrirlos, porque inventar es, siempre, mas tranquilizador
Les enseñamos a caminar para pedirles luego que se queden quietos, les pedimos que sueñen, pero con el horario de oficina (como le dice el padre al protagonista de la “historia sin fin” ahora deja de fantasear hijo mió ya eres grande)
Casi siempre los condenamos al amor condicional: voy a quererte si SOS lo que quiero, si te pareces a mí. Nos desespera verlos como personas; puede ser, como mucho, versiones mejoradas del software original, una especie de papamama 2.0, pero solo compatible con nosotros
Nos divierte que jueguen a ser grandes, pero que solo jueguen
-¿tenes novia?- le pregunta la vecina al nene de ocho años
-¿tenes novio?-le preguntan a la beba de tres, que no conoce la palabra pero sabe que al decir sí todos estallaran de risa.
Los niños con respuestas de adulto, siempre son niños tristes.
La vida me empujó de la infancia a la juventud, y sé de qué se trata: Ni el sueño ni la vida se recuperan, lo que no fue se convertirá en melancolía del pasado
Recorrí con mis niñas como padre separado las plazas de la ciudad: Allí puede ver, como los adultos insultan a los chicos
-Mira el boludo éste -grita un padre
-Dale, tarado, saltá –ordena otro.
He escuchado a padres con educación terciario, defender la teoría del “chirlo correctivo”: Si el chirlo corrige un error menor, la trompada remediará uno más importante, y una descarga eléctrica uno grande, ¿no?
La relación con ellos esta plagada de cortocircuitos: El padre que protesta por la corrupción, pero falsifica los vales de nafta del trabajo, es que a veces se actúa frente a ellos como si no estuvieran ahí mirando, como si no entendieran lo que ven. Son chicos
Decidimos, por comodidad que los van e educar en el colegio.
Nos equivocamos. Nada lograran en el colegio que la casa desautorice; en el mejor de los casos el colegio hará posible que caminen por la selva evitando el peligro, o que sepa descubrir un atajo. El resto, la vida, el amor, la muerte, la confianza, la soledad, los sueños, suceden en la casa.
Son insoportables cuando gritan o se encaprichan, nos ponen a prueba todo el tiempo y es terrible descubrirse extorsionándolos ( “o hace tal cosa o…”) y es terrible que no haya manual , ninguna regla, ninguna ley, ningún saber, que dé una solucion.Pero el otro día alguien me pregunto si creía en dios , y le dije sin pensarlo un segundo
-claro que creo. ¿Cómo no voy a creer? Existen los chicos
De manera que perdón a los niños por no estará su altura y ojala algún día nosotros los grandes seamos merecedores de ese nombre

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